
Saber que estaba en el medio del mundo, en un lugar diferente y con buenos amigos, alegró mi mañana. Como siempre Jowi me despertó y me apuró, felizmente somos complemento él el organizado y yo la espontánea, aunque él dijera la desorganizada. Felizmente a Franz le dieron el día libre y nos llevó a turistear por la ciudad. Miro a mis amigos y veo que se llevan bien. Entonces prosigo, prendo y empiezo de nuevo a entender que todo es nada y que lo único importante es donde los pies aterrizan, y que mientras más aterrizados estamos, más verdaderos se hacen nuestros sueños. Ahora ya llevo 5 días viajando y los siento como 2 semanas, es que es un ritmo muy rápido al que ya empiezo a acostumbrarme y a dejar que el tiempo y el universo me peguen al piso y a vivir a flor de piel mi aventura.



Quito tiene un aire a Lima y a Piura también. Acá hay cerros, las calles son enpinadas, se parece a Cusco. Me olvidaba que apesar de tener banderas diferentes somos la misma cosa, conquistados por Españoles y actualizados por gringos, una chicha que no deja de fermentar.



Hace hambre y Franz nos lleva a un café cultural restaurant bar típico y de antaño en Quito. La comida ecuatoriana es riquísima, la sazón increible. Es simple, pero perfectamente bien combinado. Claro! este lugar es wicho y tiene buena cocina, pero sin perder la oportunidad de comer en menú, me di cuenta además, que la sazón de las señoras madres, dueñas de negocios familiares y baratos, es excelente, es como en Perú. Si quieres comer bien, tu menú de 5 lucas, casi nunca tiene pierde. Arroz, frejol, maduro y sopa de entrada, igual que en Perú, somos lo mismo pes, apesar de odios y rencores patriotontos somos los mismo y lo siento en cada mirada y en mi amigo Franz, que no a dejado de hacerme sentir como en casa.


La noche llega y sin darnos cuenta del cansacio y de la altura ya me reencontré con otro amigo, Willo, otro neoyorquino-ecuatoriano, un man con un vibrón del putas! como dirían ellos. La charla se prolonga y salimos a descubrir el nightlife de Quito. La zona rosa de Quito es algo así como Barranco, la diferencia la encontré en la diversidad de subculuturas y modas en una misma calle, porque en Lima no se mezclan. Hippies, Punks, yupis, bohemios, hipster y todo lo que se pueda englobar en un estilo, están juntos, pero no revueltos. La farra está buena y los encanelados son el elixir que revuelca los sentidos y exaherba pasiones. Se trata de un concentrado de frutas con agua ardiente caliente, buenazo! Yo me pido uno de Naranjilla, que no es naranja, pero igual ácido y con vitamina C para prevenir la temida y floriada gripe porcina. El encanelado nos lleva de un sorbo a la discoteca de moda. Los chicos y chicas están lindos, prefectamente a la moda de acuerdo a su estilo, casi todos hipster. Chévere. Yo, sin embargo, no me dejo de sentir diferente por cargar con mi casaca y mis zapatillas de turista. No importa. Vuelo.

La resaca es aliviada por la excursión matutina. Nos vamos a conocer la mitad del mundo. En Quito hay un sistema que se llama el Trolebus, algo así como lo que quiere hacer Castañeda con el corredor vial. En Quito funciona bien, ojalá en Lima alguna vez funcione.
Por ese medio llegamos al medio del mundo. Es bonito sentirse en la mitad del mundo, aunque no se sienta mucha diferencia en verdad, pero hay que evitar la fatiga.
Por ese medio llegamos al medio del mundo. Es bonito sentirse en la mitad del mundo, aunque no se sienta mucha diferencia en verdad, pero hay que evitar la fatiga.


Por los años 1736 llegaron a estas tierras unos franceses que intentaban medir un arco meridiano que comprobara la forma de la tierra. Y ahí estaba la línea ecuatorial de latitud cero grados cero minutos y cero segundos. Impresionante. Esta línea pasa por varios países pero sólo éste se llama como la línea, Ecuador.

Y por ahí a 10 minútos hay un gran volcán , el Pululawa, en su crater habita gente y es un hermoso volcán en reposo.

Más adelante encontramos el templo del Arte, hecho por el artista ecuatoriano Cristobal Ortega, un artista del pueblo, un chamán que visionó un templo sagrado entre la mitad del mundo y el crater de Pululawa. Este pintor además, obtuvo el record guiness por hacer las pinturas más rápidas con los dedos. Su record fue de 100 pinturas en una hora. Además de ser super carismático, nos recibió en su estudio y nos pinto un paisaje en 2 minutos o menos. Pedía 5000 dólares por el cuadrito, de hecho lo valía, pero para quien puede.







Una noche más en Quito y me despido, con unas cervezas, de Franz. El lugar era acojedor, un bar al borde del cerro, con una vista impresionante de Quito de noche. Huele a Cusco, sierrita mojada. Un par de chelas y conversas con gente amigable, como todo ecuatoriano conocido hasta el momento, es el cierre a la mitad del mundo.

2 comentarios:
Debo confensar que estoy sorprendida! Estás escribiendo muy bien! Besos y continua con tu feliz viaje!
Me alegra leerte mi milanesa!!! te quiero mucho reyna y t extraño!!! sigue viviendooooooooooooooooo
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