La salida de Quito fue rápida y desveladora. El viaje era largo y había que llegar a los trámites fronterizos para ingresar a Colombia. Después de 5 horas de viaje, estabamos en Tulcán, la última ciudad ecuatorina, la que nos despide del coordial Ecuador. Un taxi nos conduce a migraciones, el camino es lindo, más cerros y vegetación.

Con un nerviosismo leve y natural inducido por el poder de la autoridad nos dirigimos a tramitar la salida y entrada a Colombia, sin muchas complicaciones salimos rápido de los milicos para ingresar a los religiosos.


En Ipiales, la ciudad que nos da la bienvenida a la sabrosa colombia, se encuentra una catedral, estilo gótica construida en un abismo. Cuenta la historia que ahí, en una piedra laja, se apareció la Virgen María y que primero fue vista por una mujer con su hija, ella fue quien llevó a todo el pueblo y al sacerdote a ver la imagen. Todos la vieron. Ahí, en el siglo XVIII, los pobladores de la zona fueron edificando un altar, que ahora sería la catedral de Nuestra Señora del Rosario de las Lajas.

Regresando de la Iglesia, la fatiga y el hambre crecían, así que un buen "Sancocho" sería la salvación divina. Gracias Virgen de las Lajas por poner criollas manos a cocinar sopas caseras. El Sancocho es algo así como el aguadito, pero con sazón Colombiana y menos culantro.
La digestión la hacemos en el bus camino a Pasto, a dos horas de Ipiales, donde pasaremos la noche para evitar el largo trayecto a Cali.

En Pasto no hay mucho, típica provincia peruana en donde los domingos ni los teléfonos públicos funcionan después de las 11 de la noche, aunque creo que en Perú o hay teléfonos que funcionan siempre o malogrados o simplemente no hay. Bueno eso del teléfono es algo nuevo. Como siempre, en cualquier ciudad pequeña, lo menos que puedes encontrar es un par de chelas para disfrutar al nuevo país, así que compramos unas cuantas y nos vamos a hacerle la conversa al nuevo amigo que conocimos en el hostal Manhattan, donde nos hospedamos. Alí es su nombre y él es de Pakistan, un personaje muy interesante que absolvió todas nuestras dudas sobre su país, como que ahí nadie roba porque si lo haces te cortan la mano, previo juicio antes, claro! Si robas por pobre te perdonan, sino te mochan. O como que dos veces a la semana descanzan de comer carne para no matar tantos animales. Además de que en su país siempre han habido guerras y que antes de USA fueron los talibanes los belicosos. Después de la tertulia con el amigo pakistaní llegó el día y nos fuimos de Pasto con dirección a Cali.

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