Un día con mucha lluvia me recibió en Puerto Viejo, a la mañana siguiente me fuí. La playa ya había cumplido su cometido y yo necesitaba seguir subiendo. Bocas del Toro me había satisfascido lo suficiente como para seguir en playas turísticas, ésta en lo personal era demasiado cara y yo quería vecindario y pueblo al lado del mar y no construcciones eco amigables, que solo podía ver, más no disfrutar, porque eran más para europeos o gringos y no para latinos o locales misios. No niego la belleza de esta playa, pero me canse de la belleza que busca tapar las cicatrices. A esto le agrego la frase “pura vida” que empezaron a usar los ticos desde que se desarmó el país al eliminar a las fuerzas armadas en el 59.
Pura vida escucho por las calles y es una frase que al estilo de las mudras o mantras te envuelve en una suerte de hipnotismo caribeño. En Costa Rica todo es medio falsamente hechizante. Ellos disolvieron las fuerzas armadas para darle entrada al ejército gringo que con manos ticas buscaban acabar con la revolución nicaragüense. Ahora los ticos y los nicas además de tener problemas fronterizos en su historia, sufren de resentimientos forjados por el imperialismo norteamericano. Algunos nicaragüenses dirán que en Costa Rica se aprovecharon de la guerra nica para desarrollar su industria y por lo visto están en lo cierto. También se escucha a muchos ticos decir que los nicas son malos y rateros, pues los rezagados de la revolución llegaron a estas tierras a buscar paz y comida y quizás algunos en una locura lógica, extrañando la patria, se pusieron malos, pero en todo caso, ellos, no son el problema principal de los ticos, cual es? tampoco lo sé porque a los viajeros en costa rica se les tapa los ojos y se les deja disfrutar de la pura vida.
A San José llegué con ganas de conocer a un gran amigo que sin conocernos ni a Joao y a mí nos abrió las puertas de su casa y nos atendió con enorme ánimo. Un peruano que vive hace 6 años en San José y recibe a los viajeros amigos de amigos como hermanos, un gran colega, Cristian. Su casa es blanca y tenía mucho verde, sus plantas son tan o más amigables que él, con el olor a jardín con casa nos invitó comida y nos converso mucho. Un peruano en el camino por fín, ya estaba extrañando a mi gente, a mis amigos, hablar de temas nacionales me hacía falta. Sin saberlo, a esa casa regresaría tres veces más en distintas ocasiones, su hogar se convirtió en el mío en otras oportunidades.
Esta vez decidimos darle a San José un solo día, las capitales no nos estaban interesando para nada, pero igual decidimos recorrerla. Un paseo por el centro nos transportó al jirón de la unión de Lima, sus calles, su clima, sus distintas caras nos hacían recordar Lima.
Esa noche decidimos visitar un bar discoteca no muy frecuentado por viajeros turísticos, un bar local, con mucho humo y risas, música electro alegre nos hizo bailar, pero ya no podía más con la fiesta me quería ir y eso hice.
En Monteverde para mí no había mucho que hacer y lo más interesante fue la luna y ese lugar de noche que me hizo ver el mar desde las alturas, con mi grupo de amigos: Joao y dos canadienses nos fuimos para mirar la luna y escuchar el silencio poco callado de la noche.
El día se lo dejé a Joao, él me llevó a hacer algo que muchos turistas hacen y a mí en lo personal no me interesaba, Cánopi. Ese deporte que no demanda nada de esfuerzo físico, pero ya haciéndolo me dí cuenta que como terapia mental y emocional está muy bueno. Quince cables fueron los que nos transportaron de montaña en montaña, permitiéndonos volar y apreciar la naturaleza desde lo alto. La adrenalina despertó mucho deseo, los gritos y sonrisas estaban de sobra. Plenitud encontré en Monteverde. Un cable estático me hizo tirarme al vacío, que increíble sentir que te caes y que no mueres, a esas alturas ya no tenía miedo a nada, así que me dejé caer al vacío y columpiarme en una soga a la que le llaman tarzan. Cien por ciento recomendable. En busca de más adrenalina usé el último cable para viajar de cabeza hasta finalizar dichosa aventura extrema. Como todo lo bueno, no quería que acabara, pero no fue así y me conformé con que Monteverde había valido la pena para hacer lo que en un principio me pareció para turistas y ecológicamente enemigable. La verdad es que lo disfruté hasta el infinito. El problema está en que quizás en Costa Rica hay de estos cables hasta donde no quieres encontrarlos, y está bien algo pero nunca tanto.
La noche calló rápido y el día empezó de madrugada, yo como siempre con mi peruanidad a tope, decidí dejar mi transporte a la suerte del día y no compré pasaje, porque me demoré en decidirlo y ya no había espacio en el bus de jowi. La conjetura de mi compañero de que yo era la que dejaba todo a último momento fue muy cierta en ese momento, pero el día me guiñó el ojo y se puso de mi lado dejándome llegar primero que ellos al lugar de destino, San Juan del Sur en Nicaragua.
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