Con las uñas más largas y con el desconcierto de dejar amigos en el camino, llego a Medellín, la ciudad que todos nos habían advertido era hermosa. Con esa ilusión me despierto en el bus esperando ya estar hospedada y dispuesta a conocer, pero muy por el contrario, el día fue lluvioso y gris y yo decidí no salir. En el hostel encontré una computadora y me la adueñe. Las ansias de no escribir tanto sentimiento y conocimiento me matan, yo soy una testigo y tengo que relatar. Antes renegaba de escribir, ahora me sirve de catalizador. El ambiente del lugar es bastante motivador, la atmosfera artística me hace el favor . Descubrirme en las letras es divino.
Para relajar la cabeza salí con Joao y un nuevo amigo israelí, Noam. Caminamos por veredas húmedas bajo árboles llorosos unos 10 minutos alucinando que la seguridad en los barrios turísticos son realmente tranquilos, o tuvimos suerte. La calle de restaurantes albergaba visitantes locales consumiendo comidas rápidas y bares berracos. Nosotros queríamos el barrio, así que compramos unas chelas y doblamos a la derecha, esfumándonos cual humo. Unos cómplices de botella celebraban una tertulia ballenetera con agua ardiente y amigos veteranos de garganta de lata. Nosotros ajenos mirábamos la fiesta esperando, incoscientemente, ser invitados. Mis amigos me retaron a bailar salsa sólo para ver los pasos, asi que me relaje, me pare y mis pies dominaron mi cuerpo y salsie por 2 minutos hasta que las miradas del barrio me escarapelaron. Reí estúpidamente y me senté. Así nos invitaron a su fiesta, que duró menos de 10 minutos, estaban muy pasados de copas, nos fuimos.
El día siguiente empezó caluroso y con ánimos de visitar a Botero. Primer día en metro, el transporte es impecablemente efectivo. Lo terminaron en los 90s y eso hace a Medellín una de las ciudades más ordenadas y con el único metro de Colombia.
El parque de Botero es increíble, esculturas de gordos y gordas por todas partes hacen sensualmente circular el ambiente. El museo muestra las obras de arte de los principales artistas colombianos. Hay muchos, de hace muchos años, pero el que me interesa es Botero. Artista que pintaba burlescas escenas de aristócratas y burgueses colombianos.
Incursionamos un poco más por Medellin y el modernismo se deja notar con imponentes edificios, estructuras vanguardistas y puentes colgantes de alta infraestructura, que se codean con la arquitectura colonial propia de nuestros países.
Luego nos dirigimos a ver el teleférico de Medellin. Lo construyeron hace 10 años y lo hicieron para conectar a los cerros con el centro. A los de arriba, que en verdad son los de abajo, con el llano de la ciudad.
Un medio de transporte que mejora la calidad de vida de los resagados en los cerros. Que subir mil peldaños es cosa de todos los días. Los cerros de Lima albergan a más de la mitad de la población limeña. La cuarta parte de los peruanos, sin contar los cerros provincianos, claro está, son escaladores superados que mientras más arriba están mas tiempo pierden transportándose. Y que decir del transporte público, el veneno pulmonar que asfixia la capital peruana, que además destruye la moral y nervios de los limeños.
Cruzar los cerros en el teleférico fue emocionante. Cerré los ojos y me imagine en las alturas de Villa el Salvador o de Comas, teniendo acceso rápido y efectivo a las zonas más complejas. A las que nadie acerca al centro. A las que hacen que yo y muchos vivamos en una burbuja y no tengamos acceso a la cultura activa, viva, efervescente y chicha de Limón. Un tranporte público separatista y discriminador, que genera cada vez más carros en la ciudad.
Mirando el paisaje metropolitano de Medellin, Joao me hizo abrastraerme e imaginarme dónde en el globo terráqueo estoy, uych! suspiro largo y profundo me veo en la cima lejos de donde vivo, me alegro. Soy de acá también, soy de todas partes.
En Medellín también se miran monumentos a la raza, al trabajo, en otras palabras, a la fuerza creadora e inspiradora de esa ciudad, el pueblo.
Manos venosamente gruesas, mazorcas de maíz abriendose en el pecho de la lucha del hombre, entrañas de mujeres envalentonadas en la pena de la opresión. Un homenaje inspirador, que se extraña muchas veces.
Al dia siguiente conoci a Lady una mujer con mirada y gestos fuertes y dulces al mismo tiempo, se le ve la vida y las ganas de querer ayudar a los foráneos, porque ella también lo es en Nueva York, una ciudad donde todos son de allá y de otro lados. Lady nos invita a casa de su madre en las afueras de Medellin, donde además hay un lugar increíble por conocer.
Ella nos guía y nos sorprende con sus cooperativas ganas de mostrarnos su Colombia querida y extrañada. En su familia nos recibieron cuatro mujeres: hermanas, madre y sobrina. Colombianas de sonrisa cautivadora y manos trabajadoras con comida de hogar y sobremesa de cariño.
Así nos despiden de Marinilla para orientarnos al Peñol en Guatapé, una enorme roca con forma de bala que embellece el paisaje mojado del campo verde y frondoso de alimentos. En el taxi, camino al peñol, conocimos a una pareja de padre e hija que iban destino al hogar, nos conversaron amablemente, nos ayudaron en el camino, nos invitaron la arepa de chocolo o cholo mas deliciosa que probé en Colombia,Y además nos querían invitar a casa a tomar café. Con justa pena me disculpe hasta el alma y agradecí hasta el cielo su buena disposición, pero teníamos que seguir, el tiempo es lamentablemente limitado .
El camino al peñol fue bastante alegorico, el trasnporte público ahí es colorido y antiguo, con camionetas que supongo llegaron en épocas de hacendados extranjeros.
El Peñol lo vimos pasar, había que subir 300 escalas y no teníamos ni fuerzas ni tiempo para hacerlo, así que decidimos simplemente contemplarlo.
Llegamos a un lugar donde hacían canopi, esa actividad extrema en donde te tiran de cerro a cerro através de una cuerda llevada por dos poleas amarrada a un arnes. La adrenalina estuvo bien, era necesaria, el paisaje revitalizante y ver mis pies volar fue liberador.
El regreso a Medellín fue fugaz teníamos que partir esa noche a Cartagena, 14 largas horas nos esperaban por delante.
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